domingo, 10 de noviembre de 2019

¡MI RESPETO TE LO GANAS!

Hace una eternidad que no escribo nada, desde mayo de este año, estando ahora a noviembre. Ha habido muchas reflexiones, pero supongo que ahora escribo con más cuidado y considero más cuidadosamente mis opiniones.

Hoy voy a hablar sobre el respeto. Creo que confundimos el respeto con aprecio personal demasiado a menudo. El aprecio personal es la reacción emocional de aprobación o desaprobación que nos suscita una determinada persona por una serie de circunstancias que observamos. Cuando alguien proclama que su respeto hay que ganárselo, es de esto de lo que está hablando. Esta, en otras palabras, diciendo que si le gusta lo que ve, esa persona obtendrá su respeto, y que si lo desaprueba, no le concederá dicho respeto.

Entrando a definir lo que el respeto podría ser, entiendo el respeto como la decisión de no vulnerar el derecho a la existencia de aquello que es objeto de nuestro respeto. Delimitar aquello que es objeto de nuestro respeto es una tarea absolutamente crucial para poder delimitar nuestra linea de debate, nuestros puntos de discrepancia y articular el objeto de nuestro rechazo.

Si alguien dice algo que no me insulta, que no vulnera leyes básicas que nos permiten a todos estar en igualdad moral suficiente para ejercer el debate, pero en lo que no concuerdo, mi respeto no es hacia la idea que esa persona expresa, pues al contraponer yo la mía con convicción, indico que mi idea me parece más acertada. Mi respeto es hacia su libertad de expresar en igualdad de condiciones sus ideas, igual que yo tengo derecho a expresar las mías.

Por lo tanto, su derecho a la libertad de expresión y mi respeto por ella, es independiente de cuánto me guste el contenido de lo que expresa. Si alguien me parece un tonto sin remedio, no puedo por ello eximirme de respetarle porque desapruebe su forma de estar en el mundo y la vida. No puedo negar el respeto que merecen las personas que ejerciten ciertas profesiones solo porque esas profesiones no son de mi agrado personal.

El respeto por las personas se encuentra más allá de los gustos personales de cada quien, es una decisión racional la de decidir respetar a alguien con independencia de sus ideas, aunque las emociones no acompañen. Solo entiendo como excepcionales las conductas delictivas o criminales que se cometan contra las personas, que solo contribuirían a la reproducción de esas conductas en el caso de que quedasen impunes.

Mi tesis es que el sentimiento de respeto no existe, tal sentimiento se llama aprobación. Igual que el miedo no es respeto, el respeto tampoco es la aprobación, porque no depende de cómo te sientes, no depende los vaivenes emocionales de cada quién. El respeto es una decisión, es independiente de tu aprobación, en caso contrario, el respeto tiene poco merito.

sábado, 18 de mayo de 2019

SITUACIÓN POLÍTICA Y DEMOCRACIA


Como todos sabemos, hemos tenido elecciones recientemente, y los niveles de participación han sido históricos. Numerosas causas habrán contribuido a ello, entre otras, la gran cantidad de partidos que concurrían esta vez, a fuerza de despertar unas pocas sensibilidades más en el espectro ideológico. También la irrupción de partidos que se consideran extremistas entre ellos como son Vox y Podemos. Mucha gente habrá ido a votar también para evitar que salga electo ninguna de estos partidos, concentrando todo el voto en lo que hay entre estos dos espectros.
Resultado de imagen de tezanos encuestasLa novedad de estos partidos ha hecho despertado a la parte profana de la sociedad en estos quehaceres: la juventud, y ha habido una mayor implicación por su parte. Las perspectivas de no poder independizarse y depender de los padres, las perspectivas de encontrar un trabajo precario y la dificultad para empezar a trabajar, y si se empieza, empezar a cobrar en proporción con los gastos corrientes, son todos factores que han despertado en la gente la sensación de que su voto será útil esta vez.

Hay también una variedad de temas que no estaban en la discusión política, que actualmente sí lo están. Hay algunos temas que han resurgido bajo perspectivas diferentes y bajo este contexto actual tan convulso. La inmigración es un tema capital, el feminismo está en el centro de la discusión, la corrección política y la libertad de expresión son temas que hace una década no tenían tanto eco. La oposición a los mercados internacionales encuentra cada vez más aliados, colegas que no necesariamente empuñan la bandera de la hoz y el martillo, pero que encuentran un halo siniestro sobre la cabeza de cada empresario, especialmente, y casi diría únicamente de los empresarios de la empresas grandes.

Las hormonas adolescentes responsables de la persecución de los ideales heroicos, que no mitigan hasta que tienes algo que perder con actitudes que animan a destruir lo hasta ahora conseguido, son consabidas por todas las generaciones que deseen saber algo del desarrollo político hasta nuestros días. La adolescencia-juventud tiene siempre un tinte rebelde, necesita pelear y rebelarse contra algo, generalmente sistémico. La manera de entender su propia situación es casi siempre a través de una corrupción moral generalizada que coloca al mundo en una situación vergonzosa y de indignante inmoralidad e indecencia. Esto suele llevar a la anarquía por simple rebeldía contra el poder, en tal caso el poder estatal, responsable de guerras, de represión policial, de cárceles, etcétera.

La anarquía hoy no es abrazada por prácticamente nadie, la adolescencia de hoy se ha dado cuenta de que no hay hoy lo que sí tenían ayer a pesar de sus quejas, o quizá gracias a ellas. La rebeldía y el espíritu combativo adolescente se revuelve contra la empresarialidad, y pide al Estado que la doblegue y le haga pagar por todas sus conspiraciones. El asamblearismo deliberativo tiene como principal objeto la intervención en todo lo que no esté ya intervenido por el Estado, para darle un sentido lógico, igualitario y justo. Ahora tanto las decisiones empresariales como las individuales realizadas por particulares, son objeto de escrutinio estatal, pues las empresas también dominan a los individuos. Todos estos ámbitos y temas que hoy están sobre la palestra son ahora parte de la discusión política, más poderosa hoy que nunca.

Ahora todos los partidos políticos tienen parcelas de poder más amplias, y son terratenientes ideológicos de miles de hectáreas neuronales, sobre las que ahora están autorizados a proyectar su ideología. Todo ámbito que la ciudadanía considere relevante y que no sea controlado por el Estado es considerado manifiestamente antidemocrático, y en una lógica sin precedentes, todo lo no democrático es antidemocrático, y todo lo antidemocrático es dictatorial. Pues bien, hay sibilinas dictaduras por todas partes esparcidas por poderes mercantiles, que en su sed de metal precioso, cual tío Gilito, se aprovechan de las personas para obtener a su costa todo el beneficio económico que les sea posible.

Hemos perdido la sensación de decidir nada, y a muchos ni siquiera les importa porque les falta certeza económica. Hay una sensación de incredulidad que piensa que la situación no es realmente mala si no afecta a todos por igual. Se han desdibujado las fronteras entre el sujeto privado e individual con capacidad de decisión, en favor del animal político del que habla Aristóteles. La democracia podría ser la forma de gobierno que permite que todas las voces se expresen, o puede ser la manera de imponer la decisión de la mayorías sobre la de la minoría, debemos recordar a este respecto, que algo no se convierte en verdad porque lo piensen muchos.

Quizá el punto clave se encuentre realmente en la cuestión de si aquella libertad de expresión que permite la democracia es mejor cuanto más se maximice la democracia en todas sus formas. En otras palabras, si es cierto que cuanto más democracia, más libertad, o acaso la garantía de la libertad depende de otras muchas variables, que si permaneciesen intactas aun bajo la democracia más participativa que pudiera existir, podría verse totalmente sepultada bajo la más abyecta censura.

El comportamiento tribal y persecutorio puede regirse por normas perfectamente democráticas que asfixian toda libertad individual, que es precisamente la garantía de que en el ejercicio de esa democracia, la expresión individual sea libre. Es decir, es capital que la democracia no entre en ámbitos de libertad individual, porque esa libertad individual es condición sine qua non para que la expresión democrática sea libre. Si bien se dice que la democracia no es votar cada cuatro años, tampoco se basa únicamente en votar en el mayor número de cosas posible. Tal concepción no puede sino acabar en el cruel aplastamiento de la mayoría sobre la minoría y en la mayor de las más tribales tiranías.

jueves, 3 de enero de 2019

NI DE IZQUIERDAS NI DERECHAS, ¿PUEDO?


¿Se puede ser de izquierdas sin ser de derechas? Este es un interrogante, que para muchos, no representaría más que un suceso paranormal. Francamente, me parece ridículo considerar que estas dos divisiones abarcan el espectro de todo lo pensable. Como sabemos, el que realiza las preguntas dirige la conversación. Si te pregunto qué hay que hacer con unas fronteras, abrirlas o cerrarlas, estos diciendo que debe haberlas y que son importantes, pues de insto a hacer algo al respecto.
El problema es que el proceso histórico es poco original y siempre hace las mismas preguntas, las cuales se bifurcan en dos respuestas opuestas que enfrentan a los partidarios de cada lado, lo cual abre el paso a la confección de bandos históricos y convierte en primordial el enfrentamiento y obvia la verdad. Es el blindaje perfecto contra la honestidad y la posibilidad del cambio de opinión. El que cambia de opinión muchas veces no es más que un infeliz que, orgulloso, lo único que ha hecho es cambiar de bando. Pocos cambian de bando por la fuerza de las opiniones contrarias, sino porque le han empezado a coger pelusilla a los de su propio bando. Da igual cuán ímprobos sean los esfuerzos que acometas por no verte encasillado, los demás te pondrán en una casilla en cuanto expongas tu visión, y te exigirán coherencia con el bando al que te han adscrito.

524309 - Un aficionado con pocos equiposEsto imposibilita sobremanera la independencia del pensamiento si siempre debes seguir la tutela de tu bando, si, como un borrego, debes seguir al rebaño para recibir calor y prebendas, si tu pensamiento está condenado a seguir caminos trillados durante siglos que consideran traición el sopesamiento de otras opciones. Si solo se admiten diferencias de matiz con los compañeros de bando, estamos siendo incentivados por la falsedad, para ser totalizante con todas nuestras opiniones y condenados a radicalizarnos cuando nos sentimos atacados. Esta situación se agrava y atraviesa lo ideológico para convertirse en psicológico, esta persona adquiere una obsesión con quien ha catalogado como irreconciliable enemigo mortal, y la propia ideología adquiere categoría de fe, fe que por supuesto no se ha de traicionar. No se pueden hacer concesiones al enemigo, y por lo tanto, este enemigo se vuelve más importante que la verdad.

En mi opinión, si por ejemplo estuvieras a favor de unos servicios públicos y una redistribución generosa, o incluso de una renta básica, no querría tal cosa decir que fueses de izquierdas. Para mí solo eres de izquierdas cuando te adscribes a tal grupo y te obligan a ser coherentes con lo que ellos piensan. Puede existir una caracterización de tus ideas, como quizá algo orientadas hacia la izquierda, pero tú como persona no deberías ser calificado de ninguna manera si no es como te autoproclamas, pues no debes lealtad a su pensamiento en bloque y sus postulados.

Sospecho que hay hoy en día gente que defiende ideas que posiblemente no crea solo porque su enemigo se ha situado en el lado opuesto. Se han aglutinado en la izquierda un conjunto de ideas de las que dicho bando se quiere apropiar. Por ejemplo, es inconcebible ser ecologista sin ser de izquierdas, feminista o nacionalista centrifugo, y por ello tanto el ecologismo, el feminismo y el nacionalismo se ven forzados a ser coherentes con el resto de postulados de la izquierda. Y ante buenismo omnicomprensivo y pueril de la izquierda, nos encontramos a quienes, quizá porque llevar la contraria o incluso porque se lo crean de verdad, lucen sin sonrojo aparente una insensibilidad, superficialidad y cinismo apabullante ante las situaciones globales.

El extremo de estas tendencias no es sino el uso del poder colectiva por condicionar y manipular las decisiones individuales de cada persona. La vuelta al tribalismo ni más ni menos que en el siglo XXI, en el que hay gente que ve la voluntad individual como caprichos que se interponen a causas mucho más importantes que esos pequeños individuos abducidos por esta sociedad competitiva. Discurso de manual.

domingo, 16 de diciembre de 2018

ATAQUE A LA REFLEXIÓN INTROVERTIDA

Creo que la sociedad y el ser humano está configurado de tal manera que evite la introversión. La introversión es minoría en el espectro mundial de las personalidades. Para aclararlo de manera escueta, vamos a definir introversión como la tendencia a recurrir a los contenidos, ideas y emociones de uno mismo antes que a las de los demás y de nuestro entorno. Y en este sentido, creo que es fácil ver que la extroversión, que podemos entender como lo contrario, gana de calle este embate, y que la introversión cuando es ejercida, en gran parte no es más que un egoísmo infructuoso disfrazado de independencia y falsa autoestima.

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La introversión bien entendida se encamina hacia la reflexión y la imaginación. Estos procesos han sido fuertemente golpeados cuando la sociedad nos obstaculiza con miles de medidas de distracción para frenar nuestra reflexión. La información sesgada, edulcorada, con smartphones con notificaciones irrumpiendo, con un entorno cada vez más brillante y coloreado para sacarte aunque sea a rastras de ti mismo y forzarte a dejarte influir por todos los detalles que esta realidad te ofrece. Toda influencia surte mayor efecto cuando no te dejan procesar la información, toda lágrima parece una ofensa cuando no puedes preguntarte por qué, toda expresión emocional es justificada cuando no puedes volver sobre los hechos y preguntarte por qué. Estamos siendo manipulados y todos lo sabemos y lo decimos, pero no nos interesa cómo. No podemos llegar a imaginar que la manipulación es extrema cuando nos creemos que aquí hay un bueno y un malo, y que la manipulación procede del malo y que sin problema podemos darle la espalda al bueno. ¿por qué? Porque el bueno está todo el día llorando, y si está llorando tanto, el malo debe de ser más culpable de lo que nos podamos imaginar. Alguien nos ha explicado la realidad de una manera ridícula y absurda, si nuestra mente corta en línea recta entre buenos y malos, hemos fracasado estrepitosamente en conformar nuestra visión del mundo.

La extroversión nos conmina al trabajo en equipo, nos anima a interactuar y a entrar en contacto directo con la realidad, sin previo análisis. Eso significa que nosotros vamos a dirigirnos a la realidad con los análisis que hayamos realizado antes, con lo que ya sabemos, y sobre esa base actuamos. El proceso mediante el cual se piensa y se analiza está siendo expulsado de nuestra vida rutinaria, los quehaceres filosóficos han sido fulminados de nuestra vida, y es raro preguntarse si uno tiene realmente amigos, o si alguien realmente le quiere. Y no digo que no nos hagamos estas preguntas, digo que nuestra mente no entiende las palabras que utiliza para hacerlas porque nunca ha terminado de procesarlas, o se las están cambiando a través de alguna que otra ideología de algún que otro género o génera. El problema es que esas definiciones no encajan con nuestra experiencia, o anulan totalmente nuestra experiencia llamándola discriminación del tipo que sea. Y nosotros no nos vamos a parar a pensar por qué quien tenemos en frente está llorando, está gritando y resoplando. No vamos a analizar nada, ¿para qué lo vamos a hacer cuando podemos decir “tienes razón en todo”?

Podríamos pensar que ver Netflix es una actividad introvertida, pues te sumerges en tus mantas en habitación persianas bajadas y rodeado de comida y provisiones para no tener que movernos en unas horas, y estás en soledad. Pero la pregunta clave es por qué, si vemos Netflix por moda, ¿cuánto de ti mismo hay en la motivación de verlo? Cuánto sale de ti, o cuantas de tus razones son racionalizaciones de tu entorno. Nos creemos muy independientes de nuestro entorno y pensadores por nosotros mismos, pero lo cierto es que estamos demasiado ocupados sintiéndonos buenas personas con categorías prestadas que no hemos pensado por nosotros mismos, y muy poco preocupados de buscar la verdad a pesar de lo que pueda pensar cualquiera. No sé si os sonará, pero vi algunos capítulos de una serie llamada Black Mirror, para mi es una serie de profundo calado que nos cuestiona la compatibilidad entre la tecnología y el sentido de la vida, nos cuestiona el sentido de nuestras preguntas existenciales cuando tengamos el poder saltarnos el azar de la experiencia. Y no digo que nadie tenga que llegar a mis conclusiones, digo que decir “es una rallada” y comentar lo rallante de la serie, echa a perder por tierra su enjundia y lo reduce todo al sensacionalismo flipante de toda la vida, vamos a comentar la nueva moda. Vemos esta serie como podríamos ver a Jackie Chan o Jet Lee, y creo que el proceso de reflexión introvertida vuelve llorar.

Somos cada día más superficiales cuanto más profundos nos creemos, cuantas más perspectivas nuevas creemos abrir, y es el problema de esta juventud-adolescencia estúpida, víctima del postmodernismo, que cual viuda negra se acerca a los incautos que confunden la enorme red con un éxtasis de empatía, y no ven que la consecuencia última de las tonterías que predican es que no existe la verdad.

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