jueves, 3 de enero de 2019

NI DE IZQUIERDAS NI DERECHAS, ¿PUEDO?


¿Se puede ser de izquierdas sin ser de derechas? Este es un interrogante, que para muchos, no representaría más que un suceso paranormal. Francamente, me parece ridículo considerar que estas dos divisiones abarcan el espectro de todo lo pensable. Como sabemos, el que realiza las preguntas dirige la conversación. Si te pregunto qué hay que hacer con unas fronteras, abrirlas o cerrarlas, estos diciendo que debe haberlas y que son importantes, pues de insto a hacer algo al respecto.
El problema es que el proceso histórico es poco original y siempre hace las mismas preguntas, las cuales se bifurcan en dos respuestas opuestas que enfrentan a los partidarios de cada lado, lo cual abre el paso a la confección de bandos históricos y convierte en primordial el enfrentamiento y obvia la verdad. Es el blindaje perfecto contra la honestidad y la posibilidad del cambio de opinión. El que cambia de opinión muchas veces no es más que un infeliz que, orgulloso, lo único que ha hecho es cambiar de bando. Pocos cambian de bando por la fuerza de las opiniones contrarias, sino porque le han empezado a coger pelusilla a los de su propio bando. Da igual cuán ímprobos sean los esfuerzos que acometas por no verte encasillado, los demás te pondrán en una casilla en cuanto expongas tu visión, y te exigirán coherencia con el bando al que te han adscrito.

524309 - Un aficionado con pocos equiposEsto imposibilita sobremanera la independencia del pensamiento si siempre debes seguir la tutela de tu bando, si, como un borrego, debes seguir al rebaño para recibir calor y prebendas, si tu pensamiento está condenado a seguir caminos trillados durante siglos que consideran traición el sopesamiento de otras opciones. Si solo se admiten diferencias de matiz con los compañeros de bando, estamos siendo incentivados por la falsedad, para ser totalizante con todas nuestras opiniones y condenados a radicalizarnos cuando nos sentimos atacados. Esta situación se agrava y atraviesa lo ideológico para convertirse en psicológico, esta persona adquiere una obsesión con quien ha catalogado como irreconciliable enemigo mortal, y la propia ideología adquiere categoría de fe, fe que por supuesto no se ha de traicionar. No se pueden hacer concesiones al enemigo, y por lo tanto, este enemigo se vuelve más importante que la verdad.

En mi opinión, si por ejemplo estuvieras a favor de unos servicios públicos y una redistribución generosa, o incluso de una renta básica, no querría tal cosa decir que fueses de izquierdas. Para mí solo eres de izquierdas cuando te adscribes a tal grupo y te obligan a ser coherentes con lo que ellos piensan. Puede existir una caracterización de tus ideas, como quizá algo orientadas hacia la izquierda, pero tú como persona no deberías ser calificado de ninguna manera si no es como te autoproclamas, pues no debes lealtad a su pensamiento en bloque y sus postulados.

Sospecho que hay hoy en día gente que defiende ideas que posiblemente no crea solo porque su enemigo se ha situado en el lado opuesto. Se han aglutinado en la izquierda un conjunto de ideas de las que dicho bando se quiere apropiar. Por ejemplo, es inconcebible ser ecologista sin ser de izquierdas, feminista o nacionalista centrifugo, y por ello tanto el ecologismo, el feminismo y el nacionalismo se ven forzados a ser coherentes con el resto de postulados de la izquierda. Y ante buenismo omnicomprensivo y pueril de la izquierda, nos encontramos a quienes, quizá porque llevar la contraria o incluso porque se lo crean de verdad, lucen sin sonrojo aparente una insensibilidad, superficialidad y cinismo apabullante ante las situaciones globales.

El extremo de estas tendencias no es sino el uso del poder colectiva por condicionar y manipular las decisiones individuales de cada persona. La vuelta al tribalismo ni más ni menos que en el siglo XXI, en el que hay gente que ve la voluntad individual como caprichos que se interponen a causas mucho más importantes que esos pequeños individuos abducidos por esta sociedad competitiva. Discurso de manual.

domingo, 16 de diciembre de 2018

ATAQUE A LA REFLEXIÓN INTROVERTIDA

Creo que la sociedad y el ser humano está configurado de tal manera que evite la introversión. La introversión es minoría en el espectro mundial de las personalidades. Para aclararlo de manera escueta, vamos a definir introversión como la tendencia a recurrir a los contenidos, ideas y emociones de uno mismo antes que a las de los demás y de nuestro entorno. Y en este sentido, creo que es fácil ver que la extroversión, que podemos entender como lo contrario, gana de calle este embate, y que la introversión cuando es ejercida, en gran parte no es más que un egoísmo infructuoso disfrazado de independencia y falsa autoestima.

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La introversión bien entendida se encamina hacia la reflexión y la imaginación. Estos procesos han sido fuertemente golpeados cuando la sociedad nos obstaculiza con miles de medidas de distracción para frenar nuestra reflexión. La información sesgada, edulcorada, con smartphones con notificaciones irrumpiendo, con un entorno cada vez más brillante y coloreado para sacarte aunque sea a rastras de ti mismo y forzarte a dejarte influir por todos los detalles que esta realidad te ofrece. Toda influencia surte mayor efecto cuando no te dejan procesar la información, toda lágrima parece una ofensa cuando no puedes preguntarte por qué, toda expresión emocional es justificada cuando no puedes volver sobre los hechos y preguntarte por qué. Estamos siendo manipulados y todos lo sabemos y lo decimos, pero no nos interesa cómo. No podemos llegar a imaginar que la manipulación es extrema cuando nos creemos que aquí hay un bueno y un malo, y que la manipulación procede del malo y que sin problema podemos darle la espalda al bueno. ¿por qué? Porque el bueno está todo el día llorando, y si está llorando tanto, el malo debe de ser más culpable de lo que nos podamos imaginar. Alguien nos ha explicado la realidad de una manera ridícula y absurda, si nuestra mente corta en línea recta entre buenos y malos, hemos fracasado estrepitosamente en conformar nuestra visión del mundo.

La extroversión nos conmina al trabajo en equipo, nos anima a interactuar y a entrar en contacto directo con la realidad, sin previo análisis. Eso significa que nosotros vamos a dirigirnos a la realidad con los análisis que hayamos realizado antes, con lo que ya sabemos, y sobre esa base actuamos. El proceso mediante el cual se piensa y se analiza está siendo expulsado de nuestra vida rutinaria, los quehaceres filosóficos han sido fulminados de nuestra vida, y es raro preguntarse si uno tiene realmente amigos, o si alguien realmente le quiere. Y no digo que no nos hagamos estas preguntas, digo que nuestra mente no entiende las palabras que utiliza para hacerlas porque nunca ha terminado de procesarlas, o se las están cambiando a través de alguna que otra ideología de algún que otro género o génera. El problema es que esas definiciones no encajan con nuestra experiencia, o anulan totalmente nuestra experiencia llamándola discriminación del tipo que sea. Y nosotros no nos vamos a parar a pensar por qué quien tenemos en frente está llorando, está gritando y resoplando. No vamos a analizar nada, ¿para qué lo vamos a hacer cuando podemos decir “tienes razón en todo”?

Podríamos pensar que ver Netflix es una actividad introvertida, pues te sumerges en tus mantas en habitación persianas bajadas y rodeado de comida y provisiones para no tener que movernos en unas horas, y estás en soledad. Pero la pregunta clave es por qué, si vemos Netflix por moda, ¿cuánto de ti mismo hay en la motivación de verlo? Cuánto sale de ti, o cuantas de tus razones son racionalizaciones de tu entorno. Nos creemos muy independientes de nuestro entorno y pensadores por nosotros mismos, pero lo cierto es que estamos demasiado ocupados sintiéndonos buenas personas con categorías prestadas que no hemos pensado por nosotros mismos, y muy poco preocupados de buscar la verdad a pesar de lo que pueda pensar cualquiera. No sé si os sonará, pero vi algunos capítulos de una serie llamada Black Mirror, para mi es una serie de profundo calado que nos cuestiona la compatibilidad entre la tecnología y el sentido de la vida, nos cuestiona el sentido de nuestras preguntas existenciales cuando tengamos el poder saltarnos el azar de la experiencia. Y no digo que nadie tenga que llegar a mis conclusiones, digo que decir “es una rallada” y comentar lo rallante de la serie, echa a perder por tierra su enjundia y lo reduce todo al sensacionalismo flipante de toda la vida, vamos a comentar la nueva moda. Vemos esta serie como podríamos ver a Jackie Chan o Jet Lee, y creo que el proceso de reflexión introvertida vuelve llorar.

Somos cada día más superficiales cuanto más profundos nos creemos, cuantas más perspectivas nuevas creemos abrir, y es el problema de esta juventud-adolescencia estúpida, víctima del postmodernismo, que cual viuda negra se acerca a los incautos que confunden la enorme red con un éxtasis de empatía, y no ven que la consecuencia última de las tonterías que predican es que no existe la verdad.

sábado, 20 de octubre de 2018

JUSTICIA SOCIAL EN LOS JUZGADOS

Tengo un problema con el concepto de justicia social, pues creo que es un concepto vago (toda justicia es social). Sin embargo, este concepto busca la contraposición entre justicia individual y justicia social, lo cual me parece terriblemente peligroso. Vivimos en un momento histórico en el que, de alguna manera, nos hemos dado cuenta de que la consecución de objetivos que afectan a colectivos han de pelearse colectivamente, y esto se ha llevado también al ámbito de la justicia. 

Pensemos por un momento en esa separación de poderes de la que algún día nos hablaron en inmemoriales tiempos. Entendemos que hay tres poderes, entre los cuales se encuentra el legislativo y el judicial. Sabemos que el legislativo sigue el procedimiento del voto. Y este voto lo ejecuta gente que a su vez vota en representación de la ciudadanía, en un sistema que a su vez se rige por mayorías, esto es, que el mayor número decide. Pues bien, esas leyes que se votan se congelan una vez aprobadas para servir al poder judicial en su aplicación una vez vulneradas. Al infractor o infractores se les suministra justicia individual al margen del resto de la sociedad. Independientemente de la opinión de quien se manifiesta frente al juzgado, o independientemente de que haya grupos que secunden simbólicamente la causa del acusado. 
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En este contexto, este funcionamiento cambia, y al parecer la justicia social entra en escena como si se tratara de un parlamento. La sociedad está irrumpiendo en los juzgados con una especie de democracia directa que pone absolutamente en jaque cualquier tipo de seguridad jurídica. Los sesgos ideológicos de los jueces se hallan en alguna medida constreñidos por los límites de las leyes que aplican, y se exponen al delito de prevaricación si se rebela contra la legalidad que debe hacer cumplir. En caso de que la prevaricación se convierta en leitmotiv, la sociedad civil entrará en acción. Pero si es la sociedad civil, que sin conocimiento alguno de la legalidad, es la que aporrea las puertas de los juzgados para imponer su criterio por mayoría, cual parlamento, hemos acabado con la separación de poderes y con las garantías del sistema. El sesgo ideológico social, con opiniones colectivas y, por lo tanto, poco articuladas, y con ignorancia supina sobre las leyes y su terminología, no puede ofrecernos otro resultado que el de un dogmatismo recalcitrante y fanático que arremete con las causas que no son de su gusto. 

No sugiero ni defiendo que la ciudadanía no debiera opinar sobre la justicia. Defiendo que las cosas no son verdad porque las piense mucha gente, que es lo que parece haber olvidado la gente partidaria del concepto de marras, que la justicia no obedece necesariamente a fines mayoritarios, ni siquiera democráticos, hoy que parece que negarle la democracia a cualquier cosa es el mayor de los tabúes, se ha de entender que la justicia se articula dentro de la democracia, pero que obedece principalmente a principios del derecho. Los ciudadanos deben pensar sobre todas las cosas existentes, pero eso no significa que tengan que tener un papel directivo en todas ellas, su opinión es un instrumento para canalizar las protestas cuando el sistema es incoherente. Pero la denuncia de incoherencias sistémicas no tiene nada que ver con denunciar que el sistema no sigue el camino de tu interés. 

Ya trataré en el futuro otros aspectos de la justicia social que también me merecen una crítica.

domingo, 7 de octubre de 2018

MALAS INFLUENCIAS

Creo que en este mundo hiperconectado, hemos de tener especial cuidado con todo aquello a lo que nos exponemos, la influencia es casi siempre subrepticia y sigilosa. Hay cantantes, escritores, actores y demás personajes públicos cuya influencia admitimos animadamente. Estas influencias son importantes en nuestra vida, y nos interesa mucho guiar nuestro comportamiento de acuerdo a todas esas influencias que creemos positivas y cuyo modelo nos inspira. Y esto nos interesa especialmente porque no somos especialmente perspicaces a la hora de advertir las malas influencias. Igual que muchos habremos presenciado con asombro cómo alguien repite como suyas, opiniones que hace un día les estábamos expresando a ellos, asimismo estaremos nosotros siendo influidos por toda la información que, de manera inconsciente procesamos y que se nos presenta después como una ocurrencia genuina. 


Todo aquello que pase por delante de nuestros ojos es susceptible de convertirse en algún momento en un pensamiento insospechado por nosotros mismos. Indeseablemente para muchos (yo el primero), eso desdibuja bastante el límite entre la sociedad y el yo. Nuestra mente nos presenta el resultado final en forma de decisión, pero las cadenas causales internas que nos han llevado a escoger una alternativa sobre otra bien pueden haber seguido derroteros sobre los que no tenemos nada que decir, básicamente porque son inconscientes. Esto convierte la individualidad en una ficción, nos convierte en puntos donde se concentran y recogen algunos de los muchos pensamientos e ideas que están presentes en una cultura. 

homer-angel-o-diabloNo quiere esto decir que estemos condenados a actuar en el desconocimiento e inconsciencia más absoluta. A mi parecer, quiere decir que somos programables, que podemos elegir cual es el programa que va a guiar nuestro comportamiento y exponernos a ese programa para ir produciendo ideas y comportamientos en esa dirección. No nos cuesta imaginar por qué la gente que vive ciertas circunstancias tiene un comportamiento parecido: se influyen y adquieren programas similares. La cuestión no es no dejarse influir por la sociedad, sino buscar las buenas influencias.

La mejor manera suele ser la lectura, y a ser posible la lectura de los clásicos. Sin embargo, esas influencias están sustituidas hoy por el cajón de sastre de youtube, twitter, instagram, facebook, etc. Un libro exige la atención activa de quien lo va a leer porque necesita paciencia para terminarlo, es decir, una predisposición activa. Sin embargo, todas estas redes sociales ofrecen soluciones rápidas que, dado el corto tiempo que tienen para que les presten atención, resaltan la parte más amarillista de un titular, a riesgo de producir malentendidos. Al contrario que un libro, que tiene espacio en la extensión de sus páginas para explayarse, es un canto a la verdadera complejidad de las cosas que nos está diciendo “no es tan fácil, no te lo puedo contar en 140 caracteres”. Por lo que buscamos los titulares y los videos cortos, las reflexiones de cinco minutos. Las series largas pueden verse siempre que sean adictivas, es decir, que no me dejen ni un segundo de aburrimiento, que mi atención nunca tenga que ser activa, sino que se vea invadida por la trepidante acción y trama de las 12 temporadas de mi serie. 

Y creo que esta búsqueda insaciable por ser impresionados es lo que más nos expone a la influencia ajena. Es un estado totalmente acrítico, en el cual el criterio es lo resaltable, lo más llamativo, de lo llamativo pueden salir cosas creíbles o increíbles. Lo contrario sería que de lo creíble saliesen cosas llamativas o no. Entre este dilema escogemos sin dudarlo la primera opción, antes muerta que aburrida. La sociedad se esta suicidando poco a poco porque el sentimiento humano se difiere a través de internet, pierde conexión, y en lugar de escucharnos en tiempo real y quedar para tomarnos algo, preferimos hablar con movistar para que nos lo solucione.

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